OXIGEN salud
Enfermedades respiratorias
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Enfermedades respiratorias
El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias, caracterizada por una hiperrespuesta bronquial y obstrucción variable y generalmente reversible al flujo aéreo. Genera síntomas como falta de aire, tos o silbidos al respirar.
Aunque actualmente no existe una cura definitiva para el asma, existen tratamientos muy eficaces para controlar los síntomas, reducir la frecuencia de las crisis y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Existen distintos tipos de asma según sus causas y características:
Cada paciente puede presentar un tipo de asma distinto, por lo que el tratamiento debe ser personalizado y supervisado por un especialista.
Se estima que unos 330 millones de personas sufren asma bronquial en el mundo, por lo que es una enfermedad de las más comunes, y afecta tanto en edad infantil como a personas adultas. En la mayoría de casos, la enfermedad se manifiesta en la infancia.
En los últimos años, factores como la contaminación del aire, la exposición al humo del tabaco y la prevalencia de la obesidad infantil han hecho aumentar los casos de asma en niños y niñas, lo que ha llevado a tratar el asma como un problema de salud pública.
Los síntomas pueden variar de una persona a otra y presentarse en diferentes grados de intensidad. Los más comunes son:
Es importante destacar que estos síntomas pueden confundirse con los de otras enfermedades respiratorias, por lo que un diagnóstico médico es imprescindible.
Para confirmar el diagnóstico se realizan pruebas como:
Un diagnóstico temprano y un seguimiento regular son claves para controlar la enfermedad y prevenir complicaciones.
Aunque no existe cura para el asma, sí que pueden llevarse a cabo varios tratamientos para paliar sus efectos y controlar sus síntomas.
La mayoría de los tratamientos consisten en medicamentos inhalados:
Se recomienda siempre seguir pautas preventivas para evitar episodios de asma, tales como dejar de fumar o evitar el humo del tabaco, no exponerse a agentes como los ácaros o el polen que puedan desencadenar un ataque, tomar la medicación prescrita en el momento indicado, entre otras.
Esta enfermedad suele evolucionar a lo largo de la vida, por lo que es importante hacer un seguimiento médico periódico para ir ajustando el tratamiento.
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